My Chemical Romance + Interpol en Florencia: Nunca fue una etapa

Un concierto puede significar mucho más que un conjunto de canciones. El paradigma tradicional es cada banda, con algunas excepciones, claro está (te vemos Placebo), arma un setlist con sus grandes éxitos y a eso le agregan cuatro o cinco canciones de su último trabajo, completando un repertorio que deja, en teoría, contentos tanto a fanáticos antiguos como nuevos.
Luego tenemos experiencias que juegan al límite con el concepto: "concierto".
Porque lo que viene haciendo My Chemical Romance en su gira mundial de celebración de los 20 años de ese opus llamado "The Black Parade", es mucho más que un concierto, es lo más cercano a una obra de teatro.
Antes de que Gerard Way y compañía pisaran el escenario instalado en el Visarno Arena de Florencia, Interpol, una banda que comparte sus ideales "dark", le dio inicio a la jornada, ante un público que hacía lo posible para combatir los 36 grados que había a esa hora en la ciudad de los Medici.
Los liderados por Paul Banks hicieron un show de esos que deberían reportarles nuevos fanáticos. El primero cuarteto de canciones fue diseñado para llamar la atención de inmediato: "Untitled", "No I in Threesome", "All the Rage Back Home" y "Rest My Chemistry", sonaron fuerte y alto con la precisión suiza característica de los neoyorquinos.
Un par de nuevas canciones de su próximo disco y un cierre con dos de su álbum debut: "Roland" y "PDA", para un total de trece canciones en un poco más de una hora de show. Tarea cumplida para Interpol que luego serían llamados por Way como "una de sus bandas favoritas" y recordó una historia cuando recién comenzaba con My Chemical Romance y conoció a Sam Fogarino, baterista fundador de Interpol.
My Chemical Romance o cómo comprometerse con lo creado

Cuando "The Black Parade" fue lanzado en 2006, llegó como un álbum conceptual centrado en la historia de un hombre con cáncer terminal llegando al final de sus días y bautizado simplemente como "El Paciente".
Por eso, antes que la banda ponga un pie sobre el escenario, la ambientación ya está instalada y nos muestra ese estado ficticio llamado Draag y que los ha acompañado durante toda esta gira de celebración. Llegan primero las enfermeras, el personal médico y luego los pacientes: la propia banda, que es observada por un ojo gigante que actúa como una especie de "ojo de Sauron", vigilando cada acción.
Desde el primer acorde, esa puesta en escena no se rompe y cada uno de los miembros del grupo está comprometido con su personaje. Durante esas primeras catorce canciones, Way y compañía no le dirigen la palabra a la audiencia, no agradecen los aplausos después de cada canción, nada. El compromiso es total. Tal como estar en el teatro, los primeros 2/3 del show es ver una obra teatral y que termina con Way asesinando (estilo gore) al propio médico que lo trataba.
Fin del primer acto.
Cuando vuelven al escenario, rompen los personajes y vuelven a ser esa banda de rock aclamada y seguida por un multitud de jóvenes que ya dejaron atrás los días de adolescentes, pero que siguen llevando a fuego esas canciones que definieron su identidad 20 años atrás.
La otra parte del "concierto" se parece más a un show regular, donde la banda combina hits con canciones de toda su discografía, y cuando decimos toda, no es una exageración porque son conocidos por hacer esta parte del set muy variada.
Cuatro canciones del "Three Cheers for Sweet Revenge" (entre ellas "Helena" y "I'm Not Okay (I Promise))", tres del "Danger Days: The True Lives of the Fabulous Killjoys" y dos de su disco debut, "I Brought You My Bullets, You Brought Me Your Love".
Mientras el cielo se cerraba y comenzaba a llover, la banda tocaba el aplaudido combo de "Cemetery Drive" y "Party Poison". Era un aguacero, pero a nadie parecía importarle. Los rayos que decoraban el cielo de Florencia, tampoco lograron intimidar al grueso del público y tuvieron su recompensa con el gran final que llegaría con "I'm Not Okay (I Promise)", una de esas canciones que caen como anillo al dedo a cualquiera de nosotros en algún punto de nuestras vidas. Ovación total en el Visarno Arena.
Por años fueron etiquetados como "emos", pero el tiempo ha demostrado que reducir a una etiqueta, canciones que fueron verdaderos himnos generacionales para miles de personas alrededor del mundo, era muy simplista. La prueba está en cada show que da la banda y que junta a niños, adolescentes y adultos bajo el mismo paraguas: crear una comunidad cuando todo parece irse a un barranco.
Por Hernán Carrasco C.
