Angine De Poitrine: El perdido arte de mantenerse raro

Cuando el mundo descubrió a Angine de Poitrine, el binomio canadiense, ya llevaba años perfeccionando su arte. Oficialmente, la banda comenzó el 2019, pero hay que considerar que Khn (guitarra/bajo) y Klek (batería) se conocen desde los trece años y llevan más de veinte tocando juntos, por lo que esa sincronía y complicidad con la que se han dado a conocer en sus shows y escasas apariciones, es algo que se viene cimentando hace décadas.
Fue el 5 de febrero de este año, cuando el resto de los mortales nos encontramos con una presentación en vivo de Angine de Poitrine para la emisora estadounidense, KEXP. El preview del video se veía así:

Mi primera impresión de esa imagen fue: “¿Qué diablos es esto?”. Los disfraces, los puntos en las vestimentas, el contraste entre blanco y negro, el bajo/guitarra y esas narices gigantes, todo eso se veía como el sueño que tienes después que te duermen con anestesia. Una vez que analicé toda la imagen, quedé con más dudas que certezas.
Los que clickeamos por curiosidad en el video, nos encontramos con una presentación que en un comienzo fue difícil de asimilar. Visualmente, músicos con disfraces o máscaras no es algo que no hayamos visto antes: Slipknot, The Residents, Daft Punk y Gwar, son algunos de los artistas que han ocultado su rostro frente al público.
Musicalmente, lo que mostraba el dúo sí era algo poco visto antes porque las notas que salían de la modificada guitarra/bajo de Khn no se escuchaban “normales” y el tiempo en que Klek le daba a la caja y platillos de su batería, también te hacían dudar del compás en el que habían escrito esa música. Era algo hipnótico, distinto a lo que escuchas regularmente: música microtonal. Eso es lo que hace Angine de Poitrine.
¿QUÉ ES LA MÚSICA MICROTONAL?
La música occidental estándar usa por lo general 12 notas y la distancia mínima entre dos notas adyacentes se llama semitono. Un microtono es cualquier intervalo más pequeño que un semitono, siendo el ejemplo más común los cuartos de tono, que vendrían siendo la mitad de un semitono.
Las escalas microtonales no son una rareza, de por sí, ya que gran parte de la música oriental usa microtonos de manera natural, como ocurre en la música árabe, turca, india y persa. Tampoco es algo no visto antes en Occidente, porque artistas como Frank Zappa o bandas como King Gizzard & the Lizard Wizard o los mismo Primus, han experimentado con este tipo de escalas microtonales.
No podríamos decir que Angine de Poitrine son pioneros en música microtonal, pero sin duda, que han ayudado a poner una luz más grande sobre este tipo de composiciones musicales.
Esa sesión que hicieron para KEXP en su primer mes acumuló 4.5 millones de reproducciones en Youtube. Ahora, casi cuatro meses después, va en 15.5 millones de reproducciones.

Sin duda, hay una factor de “novedad” en la puesta en escena y la música que hace el binomio, pero algo “novedoso” no es suficiente para acumular quince millones de vistas en tan poco tiempo. Esos son números, incluso mejores que algunas estrellas de pop que pasaron por los Tiny Desk de la National Public Radio (NPR).
Solo a modo de ejemplo: el último Tiny Desk de Dua Lipa lleva 17 millones de reproducciones en un año, el de Angine de Poitrine casi lo equipara con 8 meses a favor. El Tiny Desk de Foo Fighters lleva 2.9 millones de vistas en casi tres semanas. A menos que pase algo extraordinario, probablemente no iguale a las vistas del primer mes de los canadienses.
Nada mal para un tipo de música que en el papel no “debería funcionar”, menos a nivel popular o viral, sobre todo si hay tres líneas microtonales sonando en simultáneo, pero ahí es donde está la genialidad de los canadienses, que cuando compusieron estas canciones lo hicieron de manera tal que la música tiene ese factor hipnótico que evita que te fugues.
DE QUEBEC A TODA LA GALAXIA
Khn y Klek eran músicos del circuito de la localidad de Saguenay en Quebec, y en uno de esos locales de música en vivo, surgió la oportunidad de tocar dos veces en la misma semana, pero como ya habían hecho un show con su banda principal, no podían tocar de nuevo en el mismo local. ¿La solución? Presentarse disfrazados y así es como nacen los dos personajes en blanco-negro con lunares y adictos a los triángulos mundialmente conocidos ahora como Angine de Poitrine. ¿Por qué triángulos? “Es la mejor forma. Amamos los triángulos. Son hermosos y es la forma más poderosa”, afirmó Khn en entrevista con el medio canadienses, Cult MTL.
Cuando el mismo medio les preguntó cuál fue la razón para crear la banda, la respuesta fue bastante particular. “La idea de la banda era adoptar un enfoque un tanto satírico de la música rock en general. Queríamos una exageración, así que la guitarra/bajo de doble mástil fue la elección perfecta para burlarnos un poco de los héroes de la guitarra”, explica el mismo Khn para luego agregar “a veces en las canciones tenemos secciones que son solo de broma, podemos gritar simplemente: ¡AVE SANTANA!. Obviamente, amamos a Santana. Es una declaración de amor, pero también una caricatura, porque tienes que ser capaz de reírte de ti mismo y decir: ‘Lo que hacemos es ridículo’”.

En una entrevista con The Guardian, Klek afirmó que sin duda, el disco “Flying Microtonal Banana” de King Gizzard & the Lizard Wizard había sido una inspiración para ellos y cree que el atractivo de los microtonos es que “suena nuevo para la gente”, aunque no puede decir si los oyentes lo encuentran como un contrapunto tranquilizador a la cultura generada por IA, porque no pasan mucho tiempo en internet.
Sobre la manera en cómo hacen las canciones, ambos afirman en la misma entrevista que nacen a partir de jams y que los loops son fundamentales en cómo construyen sus composiciones. ”Existe una sensación de ansiedad o algo que viene con las repeticiones, las fricciones con los microtonos. Siempre estamos jugando con esa sensación, y con la tensión y la liberación”, explica Klek.
Angine de Poitrine se embarcó el mes pasado en su primera gira internacional propiamente tal, tocando en Reino Unido y algunos países de Europa con las entradas totalmente agotadas. Para los siguientes meses del verano del hemisferio norte tienen presentaciones en festivales y otras locaciones. “No puedo decir que nos estemos tomando esto a la ligera y sólo por diversión, porque cuando sientes este hype, la gente tiene expectativas y tienes que darles lo mejor. No puedo decir que mis pensamientos hayan estado libres de dudas sobre: ¿qué puedo hacer para ser un mejor músico? Pero a lo que siempre vuelvo es a que la gente se ha enamorado de la crudeza y la simplicidad de la banda”, se sincera Khn con The Guardian.
Con dos discos bajo el brazo, el último lanzado en abril de este año bajo el nombre de “Vol. II”, los canadienses siguen tomándose el mundo por asalto y reafirmando ese mantra que siempre repiten los genios: mantente raro, mantente único.
“Vol. II” de Angine de Poitrine está disponible vía Spectacles Bonzaï.
ANGINE DE POITRINE EN VIVO: MAESTROS DE SU ARTE

El deseo de los fanáticos por ver a Angine de Poitrine en vivo, ha hecho que todas las fechas que han anunciado este año se vendan en cosa de horas. Una de las paradas del actual tour europeo de los canadienses fue en Bélgica, específicamente en Bruselas, para tocar en el ciclo llamado “Les Nuits Botanique 2026”.
En un escenario al aire libre y con un público estimado de 2000 personas, el binomio daba el tercer y último show en tierras belgas. La expectación se sentía en el ambiente, personas de todas las edades se vestían con ropa blanca y negra con lunares, jóvenes con disfraces de Khn y Klek, más otros con triángulos en parte de sus ropas.
A las 9 de la noche en punto, y ante una estruendosa ovación de los asistentes digna de quién ha salido campeón de algún torneo, Khn y Klek se asomaron en el escenario con sus característicos atuendos y el saludo protocolar de su planeta de origen: las manos haciendo un triángulo.
El dúo no necesitó más que una puesta de escena sencilla para deslumbrar a todo los que llegaron al Jardín Botánico de Bruselas: el set de batería, la gigante pedalera de efectos de Khn y el ya clásico telón blanco y negro con lunares que todos han visto en la sesión de KEXP.
Lo que siguió a continuación fue un show de rock de tomo y lomo, un espectáculo en todo sentido de la palabra, visual, musical y espiritual, no en el sentido religioso, sino de cómo el arte puede nutrir el espíritu y recordarnos el por qué estamos vivos.

Ya desde el comienzo con “Angor” y su hipnótico pulso, y sin ningún coro, Angine de Poitrine tenía al público en su bolsillo. A pesar de lo que se pueda pensar sobre el rock matemático o microtonal, ya para la segunda canción se podía ver a personas haciendo crowdsurfing, incluso uno de ellos debe haber tenido entre 50 y 60 años.
Uno de los comentarios de su viral video en KEXP decía “es loco como pueden sonar exactamente como se ven” y cuando tienes la chance de verlos, esa frase hace todo el sentido. Su música es tan extravagante como sus disfraces, pero estas canciones tienen una cualidad hipnótica, más allá de sus loops y escalas microtonales, estas composiciones tienen alma, tienen esa chispa que solo los seres humanos son capaces.
Es música inteligente, pero también tiene un componente medio funk, medio bailable y realmente rockea. Ya en la mitad del set, y cuando suenan los primeros acordes de la gloriosa, “Mata Zyklek”, los jóvenes son los que están mayormente haciendo crowdsurfing en las primeras filas. La destreza de Khn en el doble bajo/guitarra es de verdad de otro mundo, es un cirujano de las cuerdas y todo eso con un disfraz encima que casi no le permite ver. Loopea las diferentes partes de guitarra, pasa el bajo, deja andando ese loop y se larga a improvisar unos riffs que sacuden a cada uno de los asistentes.
Qué decir del virtuosismo de Klek en la batería: un cronómetro suizo queda opacado por la ejecución que tiene en la batería y por todo el groove que le imprime a sus fills. ¿En qué tiempo está? Mejor no hacerse esa pregunta. Es Klek el motor de Angine de Poitrine y se deja notar con esa presencia magnética que tiene en el escenario con su cabeza gigante, su nariz de caricatura y unos ojos que destellan luces cuando realmente está rockeando.
Ya casi al final del show llega el turno de “Fabienk”, otra de sus grandes canciones, y cuando empiezas a escuchar que los asistentes corear la melodía de la guitarra tal como si estuvieras viendo a The White Stripes tocar “Seven Nation Army”, te das cuenta que estás en presencia de algo especial. Ovación estruendosa de nuevo para los de Quebec cuando termina ese tema.

El cierre con “Sherpa”, la piedra angular de su primer álbum, es otro de esos momentos que quedan grabados a fuego por quienes asisten a uno de los shows del dúo. Ese caos de guitarras, bajo y base rítmica galopante que tiene el clímax de la canción es la mejor representación de que el rock aún está presente y goza de buena salud. Larga ovación de nuevo para los canadienses mientras se despiden.
En medio de los pesados e ingeniosos riffs de guitarra y líneas de bajo de Khn y la precisión relojera de Klek en batería, encuentras que el hilo conductor del show siempre fue el corazón artístico de ambos, ese compromiso por hacer del rock algo disfrutable para todos independiente de la escala tonal o microtonal en la que esté.
Ese corazón humano de un show de rock jamás podrá reemplazarlo una IA y en estos tiempos tan oscuros que vivimos, ese es el mejor consuelo posible.
Fotos y texto por Hernán Carrasco C.
