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Jamiroquai en Chile: El groove sigue intacto

Ocho años después de su última visita, Jamiroquai volvió a Chile para reencontrarse con un público que parecía haber esperado demasiado tiempo. Fueron poco más de dos horas de funk, clásicos, versiones extendidas y un Jay Kay que mantuvo intacta esa capacidad de transformar un concierto en una enorme pista de baile.

La última vez había sido en 2018, en el Festival de Viña del Mar. Esta vez el encuentro fue en el Claro Arena, en una jornada que comenzó con Los Tetas y continuó con el dúo británico Joy (Anonymous), antes de dar paso al esperado regreso de Jamiroquai.

“(Don’t) Give Hate a Chance” fue la encargada de abrir, seguida inmediatamente por “Little L”. Desde ahí el concierto prácticamente no bajó el ritmo. “Seven Days in Sunny June” y “Space Cowboy” encontraron a un público completamente entregado y a una banda que parecía disfrutar tanto de las canciones como quienes estaban al otro lado del escenario.

Y quizás ahí estuvo una de las cosas más emotivas de la noche. Jamiroquai no tuvo apuro. Las canciones tuvieron introducciones más largas, pasajes instrumentales y finales extendidos. Muchas crecieron hasta convertirse en versiones bastante distintas a las que hemos escuchado durante años, dejando que el bajo, los teclados, la guitarra y la percusión tuvieran su propio espacio.

Entre ellas apareció una de las sorpresas del repertorio: “Light Years”. Jamiroquai no la interpretaba en vivo desde 2019 y escucharla nuevamente, siete años después, fue uno de esos pequeños regalos que hacen especial una fecha dentro de una gira.

“Alright”, “Disco Stays the Same” y “Travelling Without Moving” continuaron un recorrido que inevitablemente tuvo mucho de los noventa. Pero nunca se sintió como una banda intentando vivir de su pasado. Las canciones siguen encontrando maneras de presentarse al público y, sobre todo, Jamiroquai todavía parece disfrutar tocándolas.

Lo mismo ocurre con Jay Kay. Bailó, recorrió el escenario, habló constantemente con el público y en un momento decidió bajar hasta la primera fila. Ahí se quedó saludando y firmando prácticamente todo lo que le acercaban. La escena decía bastante sobre el ambiente que se había construido durante la noche, había cercanía y una evidente alegría por estar nuevamente frente al público chileno.

Con “Canned Heat” ya era prácticamente imposible permanecer sentado. Luego llegaron “Cosmic Girl” y “Love Foolosophy”, mientras comenzaba a sentirse que el concierto se acercaba a ese “Virtual Insanity”.

Probablemente ninguna otra canción pueda resumir de la misma manera la historia de Jamiroquai para el público masivo. Y cuando finalmente sonó, tuvo toda la sensación de una despedida. Tanto así que al terminar mucha gente comenzó inmediatamente a caminar hacia las salidas. Pero todavía faltaba una.

Cuando comenzaron los primeros acordes de “Deeper Underground”, algunos se detuvieron y otros simplemente dieron media vuelta para regresar. Una pequeña confusión que terminó regalando una de las imágenes más curiosas de la noche, personas que pensaban que todo había terminado volviendo rápidamente para alcanzar la última canción.

Esta vez sí era el final. Habían pasado poco más de dos horas y solamente trece canciones. Parecen pocas hasta que se vive un concierto de Jamiroquai y se entiende que ninguna tiene demasiada prisa por terminar.

Después de ocho años, el reencuentro tuvo clásicos, baile y algo que resulta bastante más difícil de medir, esa sensación de escuchar una canción que conoces desde hace décadas y descubrir que en vivo todavía puede llevarte a otro lugar.

Jamiroquai volvió a Chile y, por un par de horas, nos recordó lo bien que se siente simplemente bailar.

Claudio Marileo S. 

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