Rockout 2026: Una jornada de resistencia y energía incombustible

El festival Rockout regresó con una edición enfocada en la esencia del punk y el hardcore, logrando congregar a una fanaticada fiel que disfrutó de una cartelera directa y sin pretensiones. Con una logística fluida dividida en dos escenarios, la jornada de ayer se transformó en un intenso maratón de decibeles y mosh.
El inicio de la jornada y el talento local
La apertura de puertas a las 11:00 AM dio paso a los primeros acordes en el Estadio. Mano de Obra y Tenemos Explosivos fueron los encargados de encender los motores. La presencia de Tenemos Explosivos fue particularmente notable, entregando un post-hardcore denso y cargado de emotividad que reafirma por qué son una de las bandas más respetadas de la escena nacional actual.
Poco después, el escenario recibió a Machuca y A.N.I.M.A.L. Los penquistas de Machuca aportaron el espíritu del punk rock clásico chileno, preparando el terreno para los argentinos A.N.I.M.A.L. La banda liderada por Andrés Giménez desplegó su característico metal alternativo y groove, logrando que los asistentes más tempraneros descargaran su energía bajo el sol de la tarde.
Finalmente, Los KK sumaron su cuota de punk directo y sin concesiones en el Stage 2, manteniendo la cohesión de un bloque inicial que se caracterizó por la velocidad y la potencia, sirviendo como el preludio ideal para lo que vendría en la segunda mitad del festival.
El estallido de la tarde
Cerca de las 16:15, el ambiente cambió drásticamente con la aparición de 2 Minutos. Los trasandinos, maestros en el arte de la nostalgia punk, desataron los primeros mosh grandes de la jornada. Himnos que han trascendido generaciones resonaron con una fuerza renovada, demostrando que su conexión con el público local sigue siendo inquebrantable.

Poco después, la carga emocional subió de nivel con Eterna Inocencia. Su hardcore melódico y líricas cargadas de contenido social generaron una atmósfera de catarsis colectiva, marcando uno de los puntos altos en cuanto a intensidad interpretativa en el Stage 1.

El bloque internacional y el asalto español
La cuota de agresividad técnica vino de la mano de Soziedad Alkoholika y Non Servium. Los primeros, con su precisión característica, sacudieron el Stage 2 con un despliegue que sonó denso y potente. Por su parte, los de Móstoles trajeron el espíritu del "Oi!" más crudo, manteniendo la energía en lo más alto antes de caer la noche.

La versatilidad llegó con La Vela Puerca. La banda uruguaya aportó ese matiz de rock rioplatense que, aunque parece distar del hardcore más puro, encajó perfectamente en la dinámica del festival, ofreciendo un respiro melódico necesario antes de la recta final.
El cierre con leyendas
El clímax del evento comenzó con Bad Religion. Los californianos dieron una cátedra de punk rock, la precisión rítmica y las armonías vocales de Greg Graffin parecen inmunes al paso del tiempo. Cerrar con una banda de su calibre asegura que la esencia original del género siga viva y vibrante.
Finalmente, Evaristo, con toda la carga histórica que conlleva su figura desde los tiempos de La Polla Records, fue el encargado de bajar el telón de Rockout. Con su actitud irreverente y un setlist punzante, cerró una jornada que destacó no solo por la calidad de las bandas, sino por una producción que permitió transiciones fluidas entre los escenarios.
Rockout 2026 cumplió con creces. Fue un evento que supo equilibrar el legado de bandas históricas con la vigencia de grupos que siguen siendo referentes en la región. Un día donde el ruido, la comunidad y el mensaje volvieron a ser los protagonistas indiscutidos.
Claudio Marileo S.
