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Lollapalooza Chile 2026 Día 2: Juventud, versatilidad y consagraciones

La segunda jornada de Lollapalooza Chile 2026 confirmó por qué el regreso al Parque O'Higgins era tan necesario para el festival. Con un flujo de asistentes constante y un clima que dio tregua justo a tiempo, el día estuvo marcado por el debut de nuevas caras y la consolidación de figuras que ya son parte del ADN de este evento.

La tarde comenzó con la frescura australiana de Royel Otis. El dúo se encargó de encender los ánimos en uno de los escenarios principales con una propuesta que rescata lo mejor del indie pop de guitarras. Lograron congregar a una audiencia joven que conectó de inmediato con su vibra relajada y texturas brillantes, funcionando como la banda sonora ideal para el inicio de la jornada y dejando claro por qué son una de las bandas con mayor proyección internacional del momento.

Más tarde, el foco se trasladó a DJO, donde Joe Keery demostró que su proyecto musical tiene peso propio más allá de su faceta actoral. Se plantó en el escenario con una propuesta estética impecable, moviéndose entre el synth-pop y la psicodelia con una naturalidad asombrosa. Fue un show hipnótico, donde los sintetizadores envolvieron al público en una atmósfera retro-futurista que se sintió como uno de los momentos más magnéticos de todo el fin de semana.

El quiebre de energía definitivo llegó con Turnstile. La banda de Baltimore es, hoy por hoy, uno de los actos en vivo más intensos del planeta. Lo que ocurrió en la explanada cuando subieron al escenario fue un estallido de movimiento, saltos y una comunión física que solo el hardcore moderno sabe generar. Brendan Yates manejó los tiempos con maestría, demostrando que han logrado llevar el espíritu del underground a las masas sin perder ni un gramo de su potencia característica.

Para cerrar nuestra cobertura, el regreso de Lorde se sintió como una verdadera ceremonia mística. La neozelandesa, que mantiene una conexión profunda con el público chileno, ofreció un espectáculo cargado de teatralidad y evolución emocional. Su presencia escénica, ahora mucho más vanguardista, se apoyó en un diseño visual que transformó el parque en un espacio íntimo y expansivo a la vez. No solo fue un concierto; fue un viaje que transitó desde la introspección absoluta hasta momentos de baile catártico, confirmando su estatus como una de las artistas más auténticas y necesarias de su generación.

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